Ahora que te has ido, llega el momento en el que me siento embriagado por los efectos de tu paso por mi vida. Cuando no ceso de buscar incansablemente donde se esconden las fuerzas para luchar contra este silencio, en el que no encuentro las palabras adecuadas para hacerte comprender que ya no te echaré de menos, que camino despacio para alejarme de tu lado, abriéndome trayecto entre sueños rotos, esparciendo por el suelo lo que aún queda de mí. Ya no son necesarias estas noticias compasivas a las que me tienes acostumbrado, no quieras romperme por completo para luego desaparecer entre mis pedazos, no seas injusta si te faltan fuerzas para recomponerlos, tu herida así, constantemente se mantendrá viva y es algo que desmereces. Es hora de sellar todas las puertas para negarle el paso a mis miedos, para que no te conviertas en el origen de mis muros de hielo, para que al cerrar los ojos desaparezcas por completo de mis días, para dejarme querer p...
Aún conservo aquella esencia de lo que siempre fui, aunque las circunstancias difieran significativamente de aquellos días en los que con tanta intensidad te eché de menos. Cuando era tu recuerdo lo único capaz de arrojar luz a mis silencios. Cuando con tu nombre declaraba el motivo de mi pena y aún así, me sentía afortunado por haberte conocido. Cuando caminaba en solitario por el sentido opuesto al que solíamos recorrer agarrados de la mano (ella y yo) o cuando todas las sonrisas sabían a amargo tras asimilar tu despedida. Cuando comprendí que el vacío experimentado en tu ausencia me acompañaría durante toda la vida. Cuando necesité llorar para olvidarte o cuando reí de nuevo al volver a visitarme. Mantengo intactos todos esos sueños que las lágrimas no han borrado, que ni el tiempo ni las personas han conseguido deteriorar. Aquellos que tantas veces susurré al oído de quien cruzaste en mi camino ...
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